Tus fortalezas son las semillas; cultívalas y crecerán hasta convertirse en bosques de posibilidades.
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Sabes esa voz en tu cabeza —la que hace un inventario de todo lo que hiciste mal en la reunión de hoy, analiza cada pausa incómoda en una conversación y lleva la cuenta de todas las formas en que no estás a la altura. Para la mayoría de nosotros, esa voz ha estado haciendo la misma pregunta desde la infancia: “¿Qué está mal en mí?”
Pero la investigación en neurociencia sugiere que hemos estado haciendo la pregunta equivocada desde el principio.
Cuando te enfocas constantemente en problemas y carencias, tu cerebro activa los sistemas de detección de amenazas. La amígdala inunda tu cuerpo con hormonas del estrés, mientras que tu corteza prefrontal —responsable de la creatividad y la resolución de problemas— se desconecta. Literalmente te vuelves menos inteligente y menos ingenioso.
Pero cuando te enfocas en tus fortalezas y en lo que está funcionando, tu cerebro libera dopamina y activa lo que los investigadores llaman respuestas de “ampliar y construir” (Fredrickson, 2001). Tu pensamiento se vuelve más flexible, generas soluciones más creativas y desarrollas recursos psicológicos para futuros desafíos.
Esto no es pensamiento positivo —es neurociencia práctica.
Considera estos “defectos” comunes y sus fortalezas ocultas:
“Pienso demasiado las cosas” → Demuestras un procesamiento profundo y una evaluación de riesgos que detecta detalles que otros pasan por alto.
“Soy demasiado sensible” → Posees una inteligencia emocional y una conciencia del entorno elevadas que te ayudan a interpretar situaciones con precisión.
“Tardo mucho en tomar decisiones” → Practicas una reflexión cuidadosa que a menudo conduce a mejores resultados a largo plazo.
“Me preocupo demasiado” → Tienes una fuerte capacidad de reconocer patrones y pensar en el futuro, lo que ayuda a prevenir problemas.
“Soy perfeccionista” → Mantienes estándares altos y atención al detalle que generan un trabajo de calidad superior.
La Encuesta de Fortalezas de Carácter VIA, desarrollada por los psicólogos Christopher Peterson y Martin Seligman, identifica 24 fortalezas de carácter que aparecen en distintas culturas y a lo largo de la historia. Las investigaciones muestran que las personas que identifican y utilizan sus fortalezas distintivas experimentan un 18% más de rendimiento laboral, un 15% más de satisfacción con la vida y un 40% menos de riesgo de depresión (Seligman, 2011).
Durante una semana, observa cada vez que minimizas una habilidad natural con frases como “Cualquiera podría hacerlo” o “No es gran cosa”. Anota esos momentos. A menudo, nuestras mayores fortalezas se sienten tan naturales que asumimos que son algo común.
Luego pregúntate: ¿Cómo podría esta cualidad servirme a mí o a otros en el contexto adecuado?
Tu “sobreanálisis” podría ser el examen cuidadoso que evita errores costosos. Tu “sensibilidad” podría ser la conciencia emocional que hace que otros se sientan verdaderamente comprendidos. Tu “lentitud” podría ser la minuciosidad que produce un trabajo que otros no pueden replicar.
La investigación de la psicóloga Carol Dweck sobre la mentalidad de crecimiento muestra que la forma en que encuadramos nuestras habilidades impacta directamente nuestro desempeño y resiliencia. Cuando vemos los rasgos como déficits fijos que deben gestionarse, limitamos nuestro potencial. Cuando los vemos como capacidades que pueden desarrollarse y aplicarse con sabiduría, creamos oportunidades de crecimiento y contribución.
La idea clave es esta: tu cerebro literalmente se reconfigura según dónde pongas tu atención. Si te enfocas en las carencias, encontrarás más evidencia de insuficiencia. Si te enfocas en las capacidades, descubrirás recursos que no sabías que poseías.
Este cambio de perspectiva no solo es beneficioso a nivel personal —también transforma la manera en que interactúas con los demás. Cuando dejas de verte como un conjunto de problemas que deben corregirse, también dejas de ver a los demás de esa forma. Empiezas a notar la inteligencia en la “terquedad” de tu colega, la creatividad en la “distracción” de tu hijo, el potencial de liderazgo en la “mandona” de tu amiga.
La pregunta que lo cambia todo es simple: en lugar de “¿Qué está mal en mí?”, intenta preguntar “¿Qué es fuerte en mí?”
Tus supuestas debilidades podrían ser fortalezas esperando el contexto adecuado para brillar.
Fredrickson, B. L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56(3), 218–226.
Peterson, C., & Seligman, M. E. P. (2004). Character Strengths and Virtues: A Handbook and Classification. Oxford University Press.
Seligman, M. E. P. (2011). Flourish: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-being. Free Press.