Tus fortalezas son las semillas; cultívalas y crecerán hasta convertirse en bosques de posibilidades.
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Te enfrentas a una gran transición vital —cambio de carrera, transformación en una relación, mudanza o entrada a una nueva etapa de vida— y todos tienen opiniones sobre lo que deberías hacer. Pero el verdadero desafío no es solo elegir dirección. Es decidir qué merece espacio en tu próximo capítulo y qué necesita ser liberado conscientemente para permitir el crecimiento.
La habilidad no está en aferrarse ni en soltar. Está en saber distinguir entre ambos.
El psicólogo William Bridges diferencia entre cambio (circunstancias externas que se modifican) y transición (proceso psicológico interno de adaptación). Identifica tres etapas:
Finales: Dejar atrás roles, identidades o situaciones actuales.
Zona neutra: El período intermedio donde lo viejo ya no funciona y lo nuevo aún no se consolida.
Nuevos comienzos: Emergencia con renovada energía y dirección clara.
La mayoría se enfoca en el nuevo comienzo, subestimando el trabajo emocional de los finales y la confusión natural de la zona neutra.
Nuestra relación con objetos, roles e identidades refleja nuestros patrones de apego. En las transiciones aparece la aversión a la pérdida: el dolor de perder algo suele sentirse más fuerte que la satisfacción de ganar algo equivalente.
Por eso incluso cambios positivos pueden generar estrés. Toda transición implica duelo por lo que se deja atrás, aunque lo que venga sea mejor.
Juicio: Evaluar con perspectiva y distinguir entre apego significativo y hábito automático.
Perdón: Liberar resentimientos y aceptar caminos no tomados.
Esperanza: Confiar en que la incertidumbre puede conducir a algo positivo.
Autorregulación: Manejar ansiedad y emociones intensas durante el cambio.
Divide lo que estás evaluando en tres categorías:
Valores que guían tus decisiones
Relaciones que nutren
Habilidades que apoyan tu crecimiento
Compromisos alineados con tu identidad actual
Relaciones que drenan energía
Actividades mantenidas por obligación
Creencias que ya no encajan con quien eres
Objetos conservados por culpa
Compromisos ambiguos
Relaciones que podrían redefinirse
Sueños que quizá necesiten reinterpretación
Objetos con valor sentimental pero dudosa utilidad futura
Para esta última categoría, pregúntate:
¿Está alineado con quien quiero ser?
¿Me energiza o me agota?
¿Favorece mi crecimiento o lo limita?
¿Lo conservo por amor genuino o por miedo?
Una transición saludable incluye duelo. No es debilidad, es reconocimiento de que algo significativo termina. Los estudios muestran que evitar ese proceso complica la adaptación, mientras que permitirlo facilita el avance.
A veces ayuda crear actos simbólicos:
Practicar gratitud por lo vivido
Conservar recuerdos significativos sin conservarlo todo
Escribir cartas de despedida
Compartir el cierre con personas de confianza
Las transiciones bien atravesadas generan:
Mayor claridad sobre tus valores reales
Más resiliencia frente a la incertidumbre
Relaciones más auténticas
Intencionalidad en cómo usas tu tiempo
Expansión personal
Cada gran cambio te invita a vivir con mayor intención. No se trata solo de manejar el cambio, sino de elegir conscientemente qué llevar contigo y qué liberar.
Confía en que lo que merece permanecer lo hará. Y lo que necesita irse abrirá espacio para algo más alineado con quien estás llegando a ser.
Referencias:
Bridges, W. (2004). Transitions: Making Sense of Life’s Changes.
Kahneman, D., & Tversky, A. (1984). Choices, values, and frames. American Psychologist, 39(4), 341–350.
Worden, J. W. (2018). Grief Counseling and Grief Therapy (5ª ed.).